A pesar de que no existe una máquina del tiempo, artefacto que nos comunique con el futuro, o madame clarividente que sea profeta total –lo siento kari-, se puede tener algunas veces, nociones del futuro.
Las reglas para adentrarse en la visión de este fantástico porvenir son muy simples. Presten atención. Primero, es necesario observar a los padres; desde su físico hasta su forma de actuar. Muchas de estas características –afortunadamente y desafortunadamente-, ya reposan en nuestros cromosomas, y algunas veces solo es cuestión de tiempo para que despierten. Recuerden, lo que menos nos gusta es lo que más fácil se hereda. Segundo, nuestras manías. Serán algo incomodas. Con la edad tienen a agudizarse.
Afortunadamente el futuro, se construye poco a poco. Con unos ladrillos tamaño miniatura. Es como un reloj de arena, que deja pasar granito por granito. No deja para “al rato” lo que debe hacer –como muchos estudiantes de la carrera de medicina que conozco- y no se atasca con un montón de granitos.
Algunas veces es necesario mirar a los ancianitos que nos rodean. Ver sus errores; evitarlos. Ver sus cualidades; mejorarlas. A los que son menores que nosotros; guiarlos. Y a nosotros mismos; criticarnos.
En conclusión. La mejor máquina del tiempo: nosotros mismos.